La profesionalidad demostrada por los alumnos del Curso de Experto Universitario en Enfermería de Urgencias y Emergencias quedó el viernes patente en el simulacro que protagonizaron en Anoeta. Se trataba de atender, clasificar, curar y trasladar a cuarenta personas que habían resultado contusionadas, heridas leves y graves tras una avalancha de público en las gradas del estadio de la Real Sociedad. El simulacro resultó perfecto y en cuestión de una hora los cuarenta supuestos afectados estaban o bien camino del hospital o de sus casas. Tan bien salió que hasta una ‘embarazada’ dio a luz en el suceso y madre y bebé estaban perfectamente.
El simulacro lo dirigió José María García de Buen, médico experto en emergencias del Samur en Madrid, y transcurrió bajo la atenta mirada de la presidenta del Colegio de Enfermería de Gipuzkoa, María Jesús Zapirain, de quien ha dependido el curso. Participaron unas 130 personas, entre ellas 70 alumnos, guardias municipales, bomberos y asistencias en ambulancias de DYA y Cruz Roja.
Unos petardos y una bengala llevadas por una pareja, alumnos que teatralizaron de maravilla el comportamiento infame de los ultras futboleros, provocan el pánico y los seguidores realistas pasaron de gritar ‘Erreala’ a chillar de dolor entre los asientos. Una chica ‘cae’ al foso que separa las gradas de las pistas y otra debe ser rescatada de la barandilla del primer piso en una camilla acondicionada para los rescates.
Primero los miembros de Cruz Roja que asisten dentro del campo avisan de la situación al 112. Mientras, los guardias municipales detienen a la pareja ultra. En menos de diez minutos llegan las asistencias, cuarenta de los alumnos de este curso especializado, bajo la dirección de la supervisora única, Josune Lazkano. Se realiza un triaje, es decir, los heridos son agrupados por los sanitarios en tres zonas según la gravedad de sus heridas. Junto a una bandera verde, los heridos leves. Junto a una amarilla, los graves y en la roja, los más críticos, una vez que han sido rescatados estos dos últimos grupos de los lugares donde inicialmente han quedado inmóviles. Si hubiera muertos, estarían separados de todos y marcados con una raya negra de rotulador en su frente.
‘Medicina de catástrofe’
García de Buen explica con un megáfono lo que va sucediendo y cómo se soluciona. «El objetivo es que participen en una situación cercana a la realidad con múltiples heridos. Hay un punto importante: la organización, que sea algo normal dentro de la gravedad. Es lo que llamamos la medicina de las catástrofes; que todo esté protocolarizado y no se improvise nada», explica a los medios informativos mientras los sanitarios atienden a los grupos y los psicólogos animan y calman a los más nerviosos.
Hay gente con el brazo roto, con quemaduras, con llagas en la piel, fracturas de huesos en las piernas, desmayos, y que han perdido los nervios fruto del estrés, del susto y del grave suceso, que gritan sin parar pidiendo ayuda o atención.
Los alumnos que han atendido en primera urgencia a todos los heridos dejan paso a las asistencias de DYA y Cruz Roja, que han montado sus tiendas de campaña sanitarias en el espacio donde está el busto en recuerdo de Alberto Ormaetxea, en el lado de la plaza Aita Donostia. Allí se hace un nuevo triaje, una nueva selección. Unos, los más graves, son llevados en ambulancias medicalizadas a los centros hospitalarios; otros esperan a ser atendidos de sus heridas en el interior de las tiendas y a todos se les hace una filiación: quién es, dónde vive, teléfonos de contacto y gravedad o no de sus heridas, para pasarla a las instituciones que luego darán las información a sus familiares, a los centros sanitarios y a los medios de comunicación.
Dos chicas valientes
En el foso, un bombero ayuda a un alumna a bajar por una escalera para atender a la ‘herida grave’ Naiara Vilches, con una pierna rota. Unos minutos más tarde, otros bomberos rescatan a la joven que ha quedado aplastada junto a la barandilla del primer piso. Se le coloca en una camilla de rescate y se le baja a la grada. La camilla da un balanceo hacia los pies pero desciende con seguridad. Dentro va Garbiñe Olaran. Dos mujeres, dos voluntarias para dos acciones espectaculares.
Olatz, alumna que resultó herida leve, explica a este periódico que «los licenciados en Enfermería hemos realizado este curso especializado para formarnos de cara a trabajar en urgencias o ambulancias de emergencias. El curso ha constado de ocho meses, una semana por mes, con cinco horas díarias de formación. Cuatro meses han sido presenciales y otros cuatro ‘on line’. Mejor hubiese sido los ocho presenciales, porque se aprende mucho más en clase».
por ARSU
NOTA: Aunque los aficionados parece que estamos bien protegidos por el exito del simulacro esperemos que nunca se de en una situacion real y podamos disfrutar del futbol y de nuestro equipo.
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