Entrevista a Elías Kerejeta: de los metros recorridos para marcar el gol al Real Madrid, al metraje cinematográfico

EL RINCON DEL FORERO recupera una entrevista realizada a Elías Kerejeta en el año 2006 y en la que narra su historia futbolística y su paso al cine, donde ha dedicado la mayor parte de su vida. Tuvo que esperar para debutar en Primera División, a cumplir 18 aós, porque entonces no se permitía hacerlo con 17. Y a los 24 años dejó el fútbol para dedicarse de lleno al cine. Llegó a realizar un cortometraje sobre el fútbol, que la censura de aquellos tiempos se lo cargó. Y nunca se le llegó a ofrecer la posibilidad de realizar una película sobre fútbol.

En la entrevista habla mucho de fútbol, diciendo cosas muy interesantes para los amantes de este deporte. De alguna forma nunca dejó el fútbol. Porque siguió a su “Real Sociedad”, y para cualquiera de sus películas, ha tenido que trabajar como cuando saltaba al césped: EN EQUIPO. Solo así reconoce, salen las cosas bien.

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—Según cuentan las crónicas le marcaste un gol histórico al Madrid de Di Stefano, ¿no es cierto?

—Sí, sí. Me regateé a medio Madrid y lo metí desde una esquina. Me regateé al portero también y el balón fue lento, lento, porque estaba el campo embarrado. Pegó en el poste y traspasó la línea pero no llegó ni a la red…

—¿En qué temporada fue eso?

—Fue en la temporada 1955-56… Yo tenía 20 años. Es que, siendo juvenil ya jugué en Primera División. Un amigo mío, que ha muerto ya, Alberto Marchinbarrena, que era economista, al acabar aquel partido me dijo: “Elías, no hagas nada más en tu vida” [Risas]. “No hagas nunca nada mejor que esto”. Recuerdo que a mi hermano pequeño, que estaba viendo el partido en el campo, le sacaron a hombros los amigos…

—Empezaste muy joven a jugar al fútbol…

—No pude debutar con 17 años porque estaba prohibido entonces. Para jugar en Primera había que tener 18 años, y yo debuté con 18…

—¿Estudiabas ya en la Facultad de Químicas…?

—Sí. Estudiaba y jugaba a la vez. De Químicas me echaron por decirle al catedrático que mentía. Dijo que estaba copiando y yo le dije que no, que no estaba copiando, así que él dijo: “Sí está copiando, está mintiendo…” Y yo le respondí: “El único que miente en este aula es usted”. Y me dijo: “Queda usted expedientado, no se podrá examinar más en esta facultad ni en ninguna de España”. Así que fui expulsado, entonces ya jugaba al fútbol.

—Jugaste cuatro o cinco temporadas en Primera…

—Jugué seis. A los 24 lo dejé…

—Y llegaste a jugar contra el Madrid de los Di Stefano, Puskas, Gento y compañía…

—Di Stefano el día aquel del gol me felicitó. Me dijo: “¡Vaya gol, pibe!”. Me acuerdo perfectamente. Y Zárraga, que era quien me marcaba, cuando le hice un regate, así, raro, me dijo: “Querejeta te voy a mandar a la enfermería”. [Risas] Jugando contra el Barça de Kubala en Atocha, con Helenio Herrera de entrenador, íbamos ganando 2 a 0 en el descanso, con un gol mío a Ramallets, pero nos acabaron empatando… Un día en la mili, que yo hice de soldado raso y no en las milicias universitarias, como me había tocado en Loyola, muy cerca de casa, solo iba al cuartel cuando quería… Pues bien, un día me dice mi madre: “Te llaman del cuartel. El coronel quiere verte”. ¡Ay, Dios mío! Cuando llegué al cuartel y me llevaron delante del coronel, solo quería felicitarme por el gol que le había metido al Barcelona… [Risas].

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—¿Cómo recuerdas el mundo del fútbol? ¿Lo echas de menos?

—Hombre, la Real era un equipo muy especial entonces. Bueno, todo era muy distinto. En la Real estaban los estudiantes y los caseros, y yo hacía de intermediario entre los dos grupos. Como yo era de Hernani podía pasar como casero, y como era estudiante, podía pasar como estudiante. Pero la Real era distinta. En otros equipos parece que los jugadores hacían ese trabajo porque no tenían otra cosa que hacer. En ese aspecto La Real tenía otro aire y funcionaba de otra manera. Tengo muy buen recuerdo de la Real. Muy, muy bueno. Hace poco, cuando la Real estaba en una crisis económica, vino un pequeño equipo para hacernos unas entrevistas a algunos que aún somos seguidores furibundos del equipo: a mi, a Alfredo Landa, que es un chalado de la Real… Alfredo también jugó al fútbol, pero era muy malo… En un partido interescolar jugamos los dos. Éramos amigos. Él jugaba de medio y me marcaba. Ganaban 2 a 0 en el descanso, pero empatamos —y yo marqué un gol— y casi al final pitaron un penalti que tenía que tirar yo. Alfredo cogió el balón y se puso de rodillas en el campo y me decía: “Elías, por tu madre, que es tan guapa y tan simpática, no lo metas, por favor”. Él lo ha contado varias veces… Una en televisión…

—Recientemente has escrito el prólogo de Fútbol y cine, el libro de Carlos Marañón…

—Sí, el libro que ha editado Ocho y Medio. Está muy bien…

—Y, repasándolo, tú que además has sido futbolista, ¿crees que el cine ha retratado bien alguna vez el mundo del fútbol?

—No. De las que yo he visto, no. De verdad. Nosotros hicimos una serie que trataba de hacerlo, ¿la conocéis?

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—Sí, pero antes ya habías hecho con Antxón Eceiza el cortometraje A través del fútbol…

—Sí, nos lo machacó la censura. ¿No sabéis eso? Trataba momentos históricos políticos comparándolos con acontecimientos que sucedían en el mismo momento en el fútbol. Empezaba con la primera Copa del Rey, en tiempos de Alfonso XIII, que ganó el Barça y llegaba hasta los años sesenta. En el cortometraje aparecía un portero tumbado totalmente en el suelo con una canción que decía: “Sí me quieres escribir, ya sabes mi paradero…”. Lo vio uno de los censores y llamaron al festival de cortos de Bilbao del Ministerio de Información y Turismo diciendo que no solo el corto estaba prohibido, sino que si se pasaba, el festival estaba inmediatamente clausurado… Y cortaron como unos cuatro minutos…

—Y luego hiciste aquella serie para Canal +, El partido del siglo —con tu hija, con Jorge Valdano, etc.—, que era, más o menos, el enfrentamiento de 11 jugadores europeos contra 11 americanos…

—Eso es. Se me ocurrió la idea y se la conté en una comida a Javier Badiano, que era un tipo magnífico que ha muerto ahora, y él me dijo: “Ya lo tengo, va a ser El partido del siglo”. Siempre he estado interesado en el fútbol, he conocido a muchos futbolistas, y se me ocurrió hacerlo… Pero el título es de él.

—En cambio, ¿nunca te han ofrecido producir una película sobre fútbol?

—No.

—Y en el caso de hacerse, ¿no crees que sería necesario contar con alguien que conozca el fútbol desde dentro y no solo a través de un punto de vista de mero espectador? Porque sino, casi todas las películas sobre deporte acaban siendo algo así como cantos heroicos…

—Sí. En casi todas las películas de deportes hay deporte pero no individuos, no hay personas. Eso es lo que ocurre…

—Sí, pero, en cambio, sí se han hecho retratos excelentes de otros deportes como el boxeo, por ejemplo…

—Sobre el boxeo se han hecho dos películas excelentes: Cuerpo y alma, que es fantástica, y Toro salvaje, que es la película que más me gusta de Scorsese.

—¿Y por qué no se han hecho sobre el fútbol?, ¿alguna teoría?

—Es un mundo más complejo, ¿no? Al ser 11 contra 11 y no uno contra uno es algo menos individual, más táctico, siempre más complejo…

—¿Qué otros deportes, aparte del fútbol, te han gustado como espectador?

—Como espectador no muchos. Me gusta y he jugado mucho a pala. Toda la vida. Me gustaba mucho jugar a pala y me gustaba mucho también jugar a mano… El caso es que a mano era terrible, porque además mis manos no son de pelotari precisamente. Cuando se te hinchaba la mano, la ponías en el suelo y un compañero te la pisaba…

EL PASO DEL FÚTBOL AL CINE

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—¿Cómo es que llegaste del fútbol al cine?

—Me ha gustado el cine desde pequeño, desde que mi padre un día trajo algo escondido bajo el abrigo —era un proyector de cine Pathé Baby— pidió que le plancharan una sábana y nos puso a Charlot. Ese fue mi primer contacto con el cine. Luego estudié, jugué al fútbol, cofundé un cine-club y estuve muy integrado en los cine-clubs hasta los 23 años. Entonces dejé el fútbol y me vine a Madrid, monté una productora y me puse a hacer cine…

—Desde entonces has sido sinónimo de cine de calidad… De productor creativo, implicado en todas las etapas y los procesos de una película… ¿Cómo es, básicamente, tu fórmula de trabajo?

—Nunca he sido un hombre de negocios, ni lo he intentado. No sé lo que es un productor creativo: creo que una persona es creativa o no lo es. Depende un poco del carácter de cada uno. Hacer cine siempre me pareció interesante y lo aprendí haciéndolo. Siempre me ha interesado todo el proceso de una película: el guión, el montaje… Empecé con los cortos y ya me interesó y seguí con ello… El primero que me enseñó algo de iluminación fue Quique Torán, y después Luis Cuadrado. ¡No son malos maestros ni mucho menos! Y luego tuve maestros como Carlos Saura del que también aprendí … Siempre he tratado de estar relacionado con cada una de las partes que forman una película y siempre he tratado de estar cerca de su desarrollo. Sinceramente creo que si la película está bien tratada, bien trabajada, si se observa bien su crecimiento, es la propia película la que exige su necesidad, la que te pide su forma de crecimiento. Por eso siempre he tratado, cuando ha sido posible, de que las películas estén rodadas en continuidad porque así puedes ver cómo la película nace delante de ti… Crea su propia vida. Eso es lo que he intentado siempre. Y eso es lo que me ha llevado a rodar algunas cosas de una forma un poco fuera de lo común… Como en El desencanto o Las palabras de Max: rodábamos, veíamos el montaje y decidíamos qué era lo que necesitaba la película. Y hoy en día sigo manteniendo esa manera de trabajo… Con el guión es lo mismo: trabajando rigurosamente tienes la posibilidad de hacer una primera versión, corregirla, etc. Nunca he trabajado con un guión absolutamente cerrado. Los guiones de las películas que produzco siempre tienen ese proceso.


—Se trata de un proceso en el que el equipo ha de implicarse muchísimo con la película…

—Sí, pero tened en cuenta que trabajo con un equipo que en su núcleo fundamental se repite. Y ahora con las nuevas generaciones, aquellos con los que trabajo se integran en este método. En el montaje, con Pablo del Amo, que ya no vive, empecé a trabajar ya en los primeros cortos… Siempre he trabajado con personas con las que conjuntamente hemos intentado trabajar de una manera satisfactoria para todos. En el libro que hicieron sobre Pablo contaba una anécdota que yo nunca me había atrevido a contar pero que ahora me siento libre para hacerlo, en el montaje y en la discusión de una película cuyo título no digo, en medio de la discusión Pablo me pegó un grito: “Elías, tú no eres un montador, ¿sabes lo que eres? Un carnicero…” [Risas].

por JOXEBI

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