La importancia de HABLAR y de LIDERAR

EL RINCON DEL FORERO cree que hay muchas cosas que se pueden y deben mejorar los jugadores txuri urdin. Pero hay dos, fundamentalmente, que tienen gran importancia: HABLAR Y LIDERAR. Es algo que no se ve desde hace muchos partidos en el equipo. Los jugadores no hablan en el campo. No se ayudan con sus palabras. No dicen al compañero gritando, como debe ser, que tome una posición u otra, que vigile a este o a aquel jugador, que tenga cuidado por alguna jugada que puede llegar. No hay que distraerse, ya que en cualquier momento puede llegar una ocasión del rival. Pero es muy importante mirar la posición no solo tuya, si no de tus compañeros sobre todo de los cercanos a tí. Es importante animar, posicionar, ayudar. HABLAR.

Y la otra es la falta de un LIDER que tome las riendas del equipo en el campo. Que dirija, que haga lo anteriormente citado, aunque eso no solo debe hacerlo él. Que anime a unos y a otros. Que sea el ALMA que mueve al resto de ALMAS para ser una sola ALMA. Ese ALMA ESPECIAL la tenía Joseba Llorente. Pero no está en el campo. Se que lo está haciendo en los entrenamientos, en el vestuario: animar, motivar, ayudarles para que recuperen la confianza….Y varios jugadores deberían tomar esas riendas en los partidos para que el equipo funcionara COMO UNO.

ESPIRITU DE EQUIPO. Es lo que hace falta recuperar. El año del subcampeonato hubo tres jugadores, uno por línea, que hacían eso: LIDERAR. No paraban de hablñar y gritar, colocar, posicionar, arrastrar, al resto de compañeros: SCHURRER, KARPIN Y DARKO. Es lo que hace falta recuperar, insisto. La compenetración en los entrenamientos no puede olvidarse o perderse a la hora de los partidos. El compañerismo menos. Porque es con la unión y el trabajo de todos como funcionará, de la única forma posible, la máquina txuri urdin.

HABLAR Y LIDERAR. Son las puertas que abren conseguir las cosas. Ello unido a la entrega, colaboración, apoyo, juego, confianza, Fe, con la siempre necesaria e inestimable ayuda de la afición txuri urdin, que siempre está ahi, animando y apoyándoles. La afición ya HABLA Y LIDERA. Es hora de que los jugadores hagan lo mismo en el terreno de juego.

por JOXEBI

“NO ES LO MISMO PELEAR POR EVITAR ALGO QUE POR CONSEGUIRLO”

Era la ultima semana de febrero. Se había ganado al Osasuna y se estaba en la séptima posición de la tabla, empatados con el Sevilla. Entonces la mente estaba limpia y con las ideas claras de lo que se quería conseguir. Se miraba para arriba sin hacer caso a lo que sucedía abajo. Hace un año, cuando se peleaba por ascender, se preguntó a los jugadores txuri urdin si podía sentirse lo mismo al pelear por eso, o por eludir el descenso en aquella nefasta temporada, y la respuesta fue clara: “NO ES LO MISMO PELEAR POR EVITAR ALGO QUE POR CONSEGUIRLO”.

Efectivamente. No es lo mismo. Pero en la vida cada situación, aun no siendo la misma, hay que saber afrontarla con la misma FE y ganas de lograr los objetivos. Pelear por eludir el descenso y ascender solo se logrará si la mente está convencida de ello.

Pero me gustaría proponer un ejemplo del ESPIRITU DE LUCHA que siempre hay que tener. Y lo hago con un deporte individual, el atletismo. Se trata pues de una historia inventada, que seguro se ha reproducido en la realidad millones de veces:

Un atleta se prepara durante meses para esa maratón en la que siempre ha querido participar. De hecho ya había tomado parte durante años en ella, pero nunca había logrado terminarla por su dureza, o por las circunstancias a veces, que no le acompañaron. Habían pasado unos años sin intentarlo de nuevo, y este año regresaba con más fuerzas que nunca. Había cuidado escrupulosamente no solo el plan de entrenamientos diario, si no su alimentación, su descanso, su tiempo de ocio. Todo pensando en esa dura maratón. Llegó el día señalado. Eran las 20.00 horas de aquel caluroso día de verano. Se puso en la línea de salida lo mismo que otros miles de atletas. El sabía que no era el mejor. Que por tiempos era superado por centenares. Pero aún así quería probarse en esa maratón especial. Porque ya habia participado en otras. Todas tienen la misma distancia. Pero no son iguales. Se dio el pistoletazo de salida y el estaba en mitad de los miles de participantes. Hacía sol en la salida. Centenares de personas habían acudido a esa línea de salida para ver partir a los atletas. Nuestro protagonista comenzó a dar sus primeras zancadas en esa maratón. Se encontraba extrañamente fresco. Se sorprendió a sí mismo con la fuerza de su arrancada. Iba superando a rivales que en los primeros 10 kilómetros iban a paso más ligero. Nuestro atleta caminaba con paso firme y seguro aunque aún quedaban más de 30 kilómetros por delante. A mitad de carrera sus piernas tuvieron problemas, y bajó un poco el ritmo. En esos momentos estaba entre los 500 primeros. La distancia con las grandes estrellas atléticas, con sueldos impresionantes, con patrocinadores descomunales, era imposible de alcanzar. Era consciente de ello. Su pelea era por quedar lo más arriba posible. Y se planteaba eso cuando era consciente de que en las anteriores ocasiones en las que participo en esa maratón, no había terminado.

Seguía escalando posiciones hasta que llegaron al kilómetro 33. En ese instante estaba entre los 50 mejores atletas. Había vuelto a recuperar ese ritmo que le daba seguridad y con el que se había clocado entre los mejores. Pero fue en ese preciso instante cuando su mente comenzó a pensar, y ello le hizo ponerse nervioso. Podía entrar entre los 50 mejores, cuando en la línea de salida solo aspiraba a acabar la carrera, algo que nunca había hecho aún. Sus piernas comenzaron a perder fuerza. Aparecieron los primeros calambres. Descendió su ritmo, mientras observaba como le pasaban atletas por la derecha y por la izquierda. En algún momento intento seguir el ritmo de alguno de ellos, pero iban lanzados, con más seguridad, y les dejó ir. Estaban en el kilómetro 38, y casi se había parado. El calor arreciaba y bebía agua sin parar. Su mente empezó a pensar en la posibilidad de retirarse. Había llegado hasta donde nunca jamás lo había conseguido. Lo máximo en esta maratón había sido el kilómetro 35. Su mente no paraba de mandarle información negativa: para, detente, no sigas más, te va a dar algo, ya has batido tu récord, intentarás de nuevo el próximo año….Pero en una parte de ese mismo cerebro que todo lo veía negativo, estaba esa pequeña luz de esperanza que le decía: sigue, puedes hacerlo, tienes que luchar hasta el final….

Los corredores seguían sobrepasándole. Ya no podía más. Eso le desanimaba más aún. Tuvo que detenerse. Le dolía todo. No iba a seguir. Hasta ese momento, estaba tan concentrado en sí mismo, en lo que quería hacer, que el sonido del exterior no lo había oído. De repente, comenzó a oir primero unas pocas voces, que le gritaban: ¡animo numero 13.610!. ¡Puedes conseguirlo!. ¡Vamos!. ¡Estás muy cerca de la meta!. La parte negativa de su cerebro comenzó a pensar gracias a esos gritos de ánimo, que existía una posibilidad de conseguirlo. Pero había que concentrarse, administrar sus fuerzas y luchar. Reanudó la carrera con unas pequeñas zancadas. Había sufrido un tirón en la parte trasera del muslo izquierdo. Podía no ser importante, pero debía tener cuidado. Quedaban cerca de 4 kilómetros. Parecían pocos después de los 38 que había cubierto. Pero su cuerpo no le respondía.

Los corredores seguían pasándole. Entre ellos, niños, jóvenes, atletas con más volumen de peso que él, y que parecían peor preparados. Eso le desanimaba. Pero los gritos de la gente aumentaban. No se sabe bien porqué, la gente gritaba su número: ¡ANIMO 13.610!. Habían pasado más de 3 horas, y aún le quedaba un kilómetro. Todos habían llegado a meta ya. El no podía más. Estaba en una larga calle con esa distancia justa: 1000 metros. La gente, miles de personas, se calcula que alrededor de 23.000, estaban a ambos lados de la calle, sin dejar de animarle, de gritarle. A su lado varias personas le daban líquido para que siguiera. Avanzaba lentamente. La meta parecía tan lejos. No veía la pancarta de la llegada. La gente seguía animando sin parar. De pronto, su mente, le hizo detenerse. La gente detuvo sus gritos. Parecía que iba a desistir. El corredor 13.610 no podía más. Pero no fue así. Su mente durante unos instantes, le demostró que alcanzar la meta, era lograr el objetivo que se había marcado: terminar por primera vez en su vida esa maratón. Entre la gente había muchos que conocían a ese atleta, y sabían que siempre se había retirado. Quizás por ello le habían estado animando con más fuerza aún. Levantó la mirada hacia el cielo. Estaba estrellado. Una leve brisa rozó su rostro. La gente permanecía en silencio. Bajó la mirada y la dirigió a la recta que le quedaba por delante. De repente, divisó la linea de meta. Sí. Estaba lejos para su destrozado cuerpo. Pero tenía que luchar por alcanzarla. Cogió una botella de agua. Dio un trago, y reanudó la marcha. Primero pausadamente, cojeando. El tirón le dolía cada vez más. En el preciso instante que dio su primera zancada, la gente al unísono, recuperó el grito de su número: ¡¡¡¡¡¡13.610, 13.610, 13.610!!!!!!. El número de personas que animaban había subido a 30.000. Y es que había corrido la voz en la ciudad de lo que estaba pasando con ese atleta. Nadie quería perdérselo. Todos querían animarle a que acabara la carrera. Y él, ahora, les oía. A todos. Su mente percibía cada grito de ánimo y lo transformaba en fuerza para seguir caminando. Paso a paso, metro a metro. Hasta que al fin, solo le quedaron 10 metros, estaba junto a la meta.

Se paró. La gente no dejaba de gritar su número. El miró a todos los que le habían estado animando durante esos interminables 4 kilómetros y poco a poco, no podía más, avanzó hacia la línea de llegada. Volvió a detenerse unos centímetros antes de esa linea. Fue solo un minuto ya. Pero en él, pasaron las miles de imágenes que había ido viendo en las casi 4 horas que había tardado en cubrir los 42 kilómetros. Imágenes imborrables que le habían ayudado a alcanzar esa meta. Dio el definitivo paso adelante y cruzó la línea de llegada. Se lanzaron hacia él para taparte, para cogerle, ya que estaba muy débil por el esfuerzo. Y la gente se acercó aún más para seguir animándole. Lo había conseguido. Había terminado la maratón por primera vez en su vida. No la había ganado. No había logrado ningún premio en metálico, ni trofeo. Ni siquiera había hecho un buen tiempo. Todo lo contrario. Pero había terminado. Y cuando uno se prepara para hacer algo, lo que importa al final es conseguirlo. No siempre se logra lo mejor. Pero siempre se consigue algún objetivo. Porque para acabar una prueba, no solo hay que acordarse del ultimo paso que has dado para acabarla, nunca tienes que olvidar del primero que diste, y de los que has entregado en el medio. Sin esos pasos, no habrías dado el paso final. Tu pelea contra todos los impedimentos, ha hecho que consigas algo. El atleta 13.610 se recupera estos días en su casa. Solo han transcurrido unas semanas de aquella maratón, y ya está pensando en participar en la siguiente. Eso sí. Esta vez quiere pelear por acabar un poco más adelante en la clasificación final. Si algo diferencia al hombre del resto de seres vivos, es en su capacidad de luchar por los objetivos que se marca. Sea para evitar algo, o para conseguirlo.

por JOXEBI

¡¡¡HEMOS TOCADO FONDO!!!!….¡¡¡¡ES HORA DE REACCIONAR Y LEVANTARSE!!!!

Aún no se si ha sido un sueño o realidad. Hace tan solo una hora (03.30) que he llegado a casa y quiero pensar que lo que ha pasado en el Vicente Calderón solo ha sido un mal sueño, y que cuando me despierte por la mañana, las cosas serán diferentes. Pero a los sueños también hay que saber darles respuesta. Y yo quiero darle la mía a la pesadilla que he vivido no solo en el campo del Atlético de Madrid, si no a la tortura del viaje de regreso, solo, en coche, dandole mil vueltas a lo que había visto, y sintiendo la impotencia del observador. Y antes de irme a la cama quería tratar de expresar esas sensaciones que he vivido y los sentimientos que provocan.

A la hora del paseo, por la mañana, en las inmediaciones del hotel de concentración de la Real Sociedad, se veía a los jugadores relajados, concentrados, no sé, como con fe en lo que iban a hacer por la tarde. Seguro que lo estaban en esos instantes. Lo mismo que lo estaban momentos antes de pisar el césped del Vicente Calderón. Pero el caso es que desde el pitido inicial, se ha visto un equipo muy superior al otro, y ello se reflejaba no solo en el control del balón, si no sobre todo en la generación de ocasiones.

No quiero entrar en valoraciones del partido en sí. Pero sí quiero hablar de las sensaciones, de los sentimientos, de lo que he visto y lo que he dejado de ver. El recuerdo de Aitor Zabaleta evidentemente ha rondado las cabezas de los seguidores txuri urdin que hacia 4 años que no pisaban el Vicente Calderón. Conforme te ibas acercando al campo, una riada rojiblanca se iba aproximando para llenar el impetuoso mar del campo del Atletico de Madrid. Pocos, muy pocos emblemas o camisetas txuri urdin. Un Arkaitz por aqui, un Javi, por allá o una bufanda a lo lejos. Nombres desperdigados entre la marea del rojo y blanco. Eso antes de entrar. Y dentro, dos pequeños islotes: uno de una docena de aficionados realistas en el fondo norte y otra en una esquina cercana a ese fondo con otra veintena más.

Aún tengo retenida en mi mente una imagen de un grupo de 5-6 chavales franceses, concretamente de San Jean de Luz, de entre 10-12 años que habían acudido con dos padres para ver el partido. Estuvieron muy atentos durante gran parte del mismo. Pero de repente, cuando ya estaba entrada la segunda mitad, empecé a oir ruidos de golpes. Miré, ya que estaban detrás mio, y primero era uno, luego otro, y así se iban turnando, los chavales, viendo que su equipo no estaba haciendo el juego que ellos querían ver, viendo que nadie les animaba, que el campo se le venía encima con tantos gritos apoyando al Atletico de Madrid, poco a poco se fueron desentendiendo del partido. Y les miraba a ellos, a sus caras, y miraba la de otros niños con sus camisetas rojiblancas, y me sentí mal. Porque quería que ellos también apoyaran a su equipo. Pero se habían quedado sin fuerzas y sin motivación con el 2-0. La ilusión se gana demostrando que existe. Ellos también regresaban hasta su pueblo después del partido. Pero irían al menos hablando. No se si solo del partido o de otras cosas también.

Ah. Una manifestación pidiendo “un Atleti de sus socios” había terminado en el exterior del campo con gritos de centenares de aficionados colchoneros en contra tanto del presidente del club como de sus gestores. Pero eso es otra historia.

La nuestra empieza cuando concluye el partido, con victoria contundente (3-0) del Atlético de Madrid. Los jugadores txuri urdin se van retirando del terreno de juego, uno a uno, la mayoría de ellos cabizbajos. Porque se había escapado un nuevo partido, y van siete seguidos, sin lograr la victoria. Los aficionados poco a poco se fueron retirando de sus asientos. Yo permanecia sentado mirando como lo hacían. Por mi cabeza pasaron miles de imágenes de todos los aficionados txuri urdin que en la historia del club habían vistado aquel campo, y las sensaciones que tuvieron en cada momento. También pensé que estaría pasando con nuestros jugadores en los vestuarios. ¿Qué comentarían?. ¿Qué piensan hacer en los siete partidos que quedan hasta el final?. Me empezó a entrar miedo. Porque allí, sentado casi ya solo, en las gradas del Vicente Calderón, me venían imágenes de hace 4 años. Entonces estábamos en puestos de descenso intentando salir de ellos para no descender. Y cada partido era un suplicio. Un martirio. Y no quería pensar que eso nos volviera a ocurrir. Y mi mente recordó el partido frente al Osasuna. Aquella maldita derrota. Y el penalty marrado por Savio. Y las lagrimas de miles de aficionados txuri urdin al finalizar el partido en Valencia. Y su regreso a casa, destrozados, siendo ya de Segunda División.Y allí. En el Vicente Calderón, mis ojos querían humedecerse y no les dejé. Porque empecé a pensar que no tenía porque suceder lo mismo. Que ahora somos dueños de nuestros resultados. Y que si los logramos, no dependemos de nadie como sucedió aquella nefasta temporada.

Y fue en ese preciso instante cuando mi mente, como respndiendo a mis inquietudes dijera: ¡¡¡¡HEMOS TOCADO FONDO!!!!!!…..¡¡¡¡¡¡ES HORA DE REACCIONAR Y LEVANTARSE!!!!!!…. Porque si algo tiene el ser humano, es esa capacidad de levantarse cuando más bajo cree que se encuentra. Es capaz de sacar fuerzas de donde pensaba que nos las tenía para conseguir lo que quiere. Porque sabe que si lucha, saldrá de ese oscuro agujero para volver a ver la luz. Y me levanté de la grada del Vicente Calderón. Miré todo alrededor del campo. Solo quedaban los guardas jurados y algún aficionado colchonero sacándose las fotos de recuerdo de rigor. Y me dije: ¡Ha llegado el momento de responder a esa llamada interior que tenemos todos dentro y que hace que nos movamos en la buena dirección!. Y la humedad de mis ojos, no necesitó salir al exterior en forma líquida.

Casualidades

Iba yo conduciendo solo por la autovía de Madrid a Burgos y a las 23.50 me detuve en un área de descanso, en la que siempre paro. La casualidad quiso que los jugadores txuri urdin cenaran en ese área. Estaba cerrada por lo que como me había comprado en Madrid unas hamburguesas, empecé a comerlas. Mientras lo hacía iban saliendo los jugadores. Pensativos. O hablando. Les miraba y pensaba ¿qué irán pensando o comentando?. Porque yo seguía pensando en el partido y en lo que nos queda por caminar hasta acabar la temporada. Se montaron en el autobús y se fueron. Yo me quedé terminando las burger y un rato largo después me puse de nuevo en carretera. Seguía pensando en el partido. Las imágenes volvían frescas a mi cabeza. Y no entendía casi nada. Pero recordaba mi pensamiento antes de salir del Vicente Calderón y me animaba. Al poco de pasar el peaje de Burgos, me topé de nuevo con el bus de la Real Sociedad. Y volví a tratar de ponerme a pensar en lo que estaría haciendo cada uno de ellos: oyendo música, viendo algún DVD, charlando, pensando o simplemente echando una cabezadita. Quería sentir lo que pensaban para tratar de hallar respuestas, que se que las hay, y las va a haber para los 7 partidos que faltan por jugarse.

Y pensé en ese momento en los viajes en general de toda la historia de la Real Sociedad. No solo los de los jugadores, si no sobre todo, los de la afición. Esa afición que se traga miles y miles de kilómetros para quedarse afónica animando al equipo. Para sufrir o disfrutar a su lado. Y pensé en los largos y eternos viajes de regreso, como el que yo estaba haciendo, solo. Que esos duelen más ya que no puedes seguir hablando con alguien de fútbol, para tratar de animarte. Durante unos minutos el autobus turi urdin y yo fuimos al mismo ritmo, mientras pensaba todo ello. Luego les adelanté y seguí hacia mi casa. Pero cuando ya estabamos en Gipuzkoa el autobús, quizás porque yo levanté el pedal de los 110….me alcanzó y sobrepasó. Cuando llegaba a mi destino volví a adelantarles y con una rafaga de luz, nos separamos. Hasta el siguiente partido. Ese en el que ya nada debe ser igual. Porque nuestro destino lo tenemos en nuestras manos aún. Y porque no debemos dejar NUNCA MAS EN NUESTRA HISTORIA, que ese destino lo decidan otros. Debemos ser nosotros los que seamos capaces de asumir la importancia de seguir siendo un equipo de Primera, categoría de la que nunca debimos bajar. Debemos entender que el esfuerzo del pasado año no puede dilapidarse en 7 jornadas. Y debemos comprender que lo que se ha ganado con un tremendo esfuerzo y entrega por parte de todos: jugadores, afición, directiva…no se pueden ni olvidar ni dejar escapar. Tropezarse una, dos, tres y hasta siete veces, puede pasarle a cualquiera. Incluso más veces. Pero repito e insisto. Levantarse es una capacidad humana que tenemos todos, y no conozco a nadie aún, que habiendose tropezado un número de veces indeterminado, no se haya acabado de levantar para decir: ¡¡¡¡¡HASTA AQUÍ HEMOS LLEGADO!!!!!!.

Y todo esto he querido escribirlo para que todos los que leeis EL RINCON DEL FORERO trateis de pensar que todo es posible si realmente queremos hacerlo y luchamos por conseguirlo.

por JOXEBI

Nota: Un abrazo muy muy muy especial a todos los aficionados txuri urdin que ayer acudieron al Vicente Calderón a apoyar a su equipo, y a estar a su lado en los malos momentos. Y otro para los que desde la distancia sufrieron de la misma forma. Porque nos une un mismo sentimiento compartido.

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡HAY QUE CREEEEEEEEEEEEEEEERRRRRRRR!!!!!!!!!!!!!!!

CREER en todo no es malo, no CREER en nada es peor. La vida da muchos palos por CREER. Pero CREER es lo único que nos queda para seguir luchando. CREER en lo que se hace, en lo que te dicen o en lo que simplemente piensas. El que no cree por temor a recibir golpes, nunca disfrutará o apreciará el placer de verse compensado por lo que creía.

CREER es tener confianza en algo o en alguien. Por tanto la mejor forma de que alguien crea en tí es que des confianza con lo que haces o dices. Siempre que vayamos a hacer algo deberiamos pensar en las repercusiones que puede llegar a tener. Y más aún si hablamos de que formamos parte de un grupo o equipo. Nuestra decisión ineludiblemente tiene efecto en los que están a nuestro lado. Pero casi nadie lo hace. Y a veces, aun haciendolo, lo que uno cree que está bien, el o los otros, que está mal, o al revés.

Porque todos creemos en algo, pero muchas veces quizás no lo hagamos con la suficiente convicción y no llegamos a lograr lo que queríamos alcanzar. La vida es una constante cúmulo de sensaciones y vivencias compartidas, porque vivimos en sociedad. Al hacerlo, damos y recibimos. De eso se trata. Y nunca debería haber descompensación a nuestro favor. Siempre deberíamos dar más de lo que recibimos. Porque el que más da también es el que mas cree. Y el que más cree estará más cerca en cada instante de conseguir lo que desea. Aunque solo el que recibe y no da, no acabe de entenderlo.

CREER en algo o en alguien implica aceptar lo que se lee o se oye tal como lo hace el que lo dice. CREER en algo no implica por otra parte, tener siempre la razón en todo, por lo que es necesario tener en cuenta lo que creen los demás. Porque a veces sucede que aquello en lo que creíamos deja de tener valor para uno por diversas circunstancias y pasas a creer en lo que otros creen.

Nadie es poseedor de la verdad absoluta. Todos tenemos una parte de ella. El que se crea poseedor de esa única verdad universal, ya está empezando a no tenerla. Porque la verdad única no existe. Es la suma de las verdades de todos. Por lo que siempre hay que saber escuchar a los demás, para intentar acercarnos más a esa verdad, y no la que nostros hemos creado.

Ningún ser humano es igual. Cada uno siente y se expresa de diferente forma. Y entender eso es respetarlo. Y con él se alcanza el respeto a uno mismo. Porque CREER en los demás es el primer y fundamental paso para CREER en uno mismo. Y solo e consiguen las cosas si a lo que creemos unimos lo que los demás creen. Para ser algo para los demás, primero hay que ser algo para uno mismo.

Para lograr cualquier objetivo que nos planteemos en nuestras vidas…..

¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡HAY QUE CREERRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR!!!!!!!!!!!!!!!!

por JOXEBI

¿TODOS NACEMOS FUTBOLISTAS?…O, PORQUE DAMOS PATADAS ANTES DE NACER

Vamos a ver. ¿Acaso existe alguna persona en este planeta que no haya oído decir a cualquier embarazada: “no deja de dar patadas, menudo cabezazo me ha dado”. Y es que todos nacemos siendo futbolistas desde dentro hacia fuera. Aunque a lo mejor deberíamos decir que todos nacemos waterpolistas ya que nuestro juego en la “tripita” de nuestras respectivas madres se realiza en zona acuática.

Lo que pasa es que luego la vida nos cambia. El pequeño campo de fútbol que era la “tripita” de nuestras madres se convierte de repente en algo muy diferente. Y al salir lo primero que haces no es ver lo que te rodea. No. Lo primero que sientes es que te agarran de los pies y te ponen boca a bajo. No ves, pero sientes que, de repente el mundo al que has llegado está al revés. Y piensas ¿para esto he salido?. ¿Para ver todo patas arriba?. ¿O es patas abajo?. Y no solo eso. Enseguida una señora o señor, la que te tiene boca abajo te da un cachete en el trasero. Tu aguantas sin decirle nada, entre otras cosas porque aún no sabes hablar, pero por ganas de decirle cuatro cosas no sería. Y ante esa impotencia de no poder articular palabra solo te queda una salida: llorar. Y hacerlo a grito pelado para que se enteren todos de la injusticia que se comete con tu persona. Luego te enteras que el procedimiento es igual para todos los que entran en este mundo.

Es el primer grito como aficionado a la vida a la que acabas de llegar. De mayor no te acordarás de ese primer grito porque en los campos de fútbol lanzarás miles más, y ya con palabras incluídas. El caso es que nacemos ya con un grito de guerra para el que será nuestro equipo.

Pero antes de eso, y al poco de nacer, siguiendo la historia, nos llevan a nuestra habitación, con nuestra madre, y allí nos esperan más familiares. Están con los primeros regalos. Un balón de fútbol y una equipación del que será, por el momento, y sin elegirlo tú aún, tu primer equipo, que suele coincidir casualmente con el de la persona que te lo regala. Alguien suelta en la habitación: “¡miralo!, ¡el futuro crack del fútbol!”. Tu no sabes de que hablan, porque entre otras cosas no oyes tampoco aún bien. Pero dentro de tí ya eres consciente de que has dejado el waterpolo en el que has estado parcticando 9 meses y en breve ficharás por algún equipo como aficionado al principio. Bueno, en breve no. Faltan unos cuantos biberones, chupetes y pañales que llenar, antes de que des las primeras patadas a esa bola que está junto a tu cuna.

por JOXEBI

Pandiani dice que a Ronaldo “le falta un tornillo”

EL RINCON DEL FORERO recoge las declaraciones de Pandiani sobre Cristiano Ronaldo, después de escuchadas las del jugador madridista, que cada vez que habla, sinceramente, parece que está pidiendo un monumento a gritos. Monumento a la chulería e ignorancia. Ya va seindo hora de que alguin ponga en su lugar a este impresentable, no solo en los terrenos de juego, si no en su vida real. Se podrá ver que empeorará su agresividad no solo con el paso de los años y de los partidos que juegue, si no después, cuando deje el deporte del balonpié. Lo mejor para llamar la atención muchas veces es la humildad en el terreno de juego, y acallar las voces con tu juego, no con tus palabras. Levantar el espíritu de la afición, con tus movimientos y jugadas, no con tus permanentes y contínuos gestos despreciativos. El fútbol se siente y se lleva dentro, y es incompatible con la provocación, la altanería, la prepotencia, la chulería y los gestos y las palabras delatan el carácter de cada jugador. Y no hay mejor retrato de Ronaldo que verle en cada partido cada palabra que suelta y cada gesto que realiza. A pocos extrañará que Pandiani diga que a Ronaldo “le falta un tornillo”. ¿Uno?. En cada partido, en cada declaración post-partido, pierde tornillos sin cesar, y sobre todo aceite, ese mismo que le hace patinar tanto con sus palabras, y caerse con demasiada facilidad en los terrenos de juego.

El gesto que se aprecia en el video de Ronaldo hacia Pandiani como dicciendole: “¿tu cuanto ganas?”, demuestra la pobreza de espíritu del portugués, que surgió de la pobreza para pasar a la sonrojante riqueza que lke ha trastornado en todos los aspectos, tanto deportivos, como en su vida normal. No hay mayor bajeza moral en todo ámbito, y más aún en el deportivo, el en fútbol, que un compañero, un rival, te pase por los morros lo que él gana o dejas de ganar tú. Se queda en evidencia al hacerlo y corrobora lo que todos saben de él, porque no se oculta. Su calidad como persona cae a límites insospechados, y demuestran que su cultura nada tiene que ver con su esfuerzo a la hora de lograr sus objetivos deportivos. El respeto hacia no solo tus compañeros, si no también a tus rivales, demuestra la calidad tanto deportiva como humana de cualquier jugador. Uno puede sentirse dios en el campo y fuera de él. Pero el que es realmente dios, no se pone a si mismo el título, al menos en lo que se refiere al fútbol. Es la afición la que lo concede. Y no respetar a la afición, impedirá que se obtenga ese título. Ronaldo es un dios para sí mismo, pero los aficionados prefieren otros dioses que demuestran en el terreno de juego, no solo su calidad deportiva, si no sobre todo, humana. ¿De qué sirve ser un buen jugador si luego desprecias a los aficionados y rivales, que son los que hacen que lo que haces tenga sentido?.

por JOXEBI

EL MONOLOGO DEL RINCON: “UN DIA CUALQUIERA DE UN AFICIONADO NORMAL”

Un nuevo MONOLOGO DEL RINCON. La afición evidentemente es la que mantiene a los equipos. Sin ella nada tendría sentido. Por ello hablamos del día de un aficionado cualquiera:

EL MONOLOGO DEL RINCON: UN DIA CUALQUIERA DE UN AFICIONADO NORMAL

Un aficionado se levanta cada mañana y se pregunta ¿he soñado algo hoy de mi equipo?. ¿Y de nuestros rivales?. Y si la respuesta es negativa, para él el día comienza pelín triste. Al bajarse de la cama, porque duermen en alto casi todos, se piensa cual debe ser la primera pierna que debe posar sobre el suelo. ¿Será la izquierda?. ¿La derecha?. ¿Las dos a la vez?. A veces, ante la duda, siempre tiene una moneda sobre su mesilla, y la echa al aire: cara posa la pierna izquierda, cruz, la derecha. Y no lo hace pensando en política. Después de posar el primer pie, normalmente apoyan el segundo, porque alguno lo intento solo con uno, precisamente el que tenía dormido, y se esmorró contra la alfombra. Otros optan por ir hasta el baño a la pata coja sobre la pierna en la que más confían, que suele coincidir con la mejor de su jugador preferido.

Para abrir la puerta del WC hacen lo mismo que con las piernas. Se plantean con cual abrir, porque los jugadores también emplean las manos en el juego. Lo peor de casi todos es que tienen que volver sobre sus pasos, o sobre su pata coja, de nuevo hasta la mesilla, porque aún dormidos, se han olvidado de la moneda, para lanzarla al aire y elegir con que mano abren la puerta del WC. Lanzada esta, proceden a la apertura de la misma. Una vez dentro, abren el grifo, ya sin lanzar la moneda, utilizan la misma mano. Eso sí. Se lavan con las dos la cara, y es cuando por primera vez se miran al espejo y se dan cuenta de que con agua no vale para limpiarse el rostro. ¿Las rayas azules y blancas sobre su cara a que se deben?. Dios mio. No se acuerda. Y piensa si será porque solo piensa la mitad de su cerebro, y cual será la izquierda o la derecha. Lanza la moneda al aire, y tiene suerte, queda de canto, y de repente funciona totalmente su cerebro, lo que le recuerda que el día anterior había estado celebrando la victoria de su equipo. Y una amplia sonrisa se abre paso por su rostro que ensancha la parte derecha de blanco y la izquierda de azul.

Se piensa si limpiarse o no ese rostro blanquiazul, pero tiene que ir a trabajar y coge el jabón y se deja la cara como para pintarla de nuevo. Coge la pasta de dientes, abre el tubo y sale la pasta, blanquiazul que deposita sobre su cepillo, azulblanco. Se peina y sale del WC como nuevo para afrontar su jornada laboral, no antes de desayunar. Claro, que antes de hacerlo, ha bajado a por la prensa y se ha conectado a internet para ver lo ultimo que se sabe de su equipo. Ríe por algunas de las cosas que lee y se preocupa por otras. Es como cada día. El yin yang que le hace sentirse mejor o peor, su equilibrio para salir a la calle depende siempre de si las cosas positivas de su equipo, superan a las negativas.

Para arrancar el coche, primero se sube en él, porque a pesar de intentarlo la noche anterior, en plena juerga, aún no ha descubierto como se puede lograr que el motor se ponga en marcha desde fuera, sin eentrar en el vehículo. Abre la puerta y se sienta en el habitáculo del volante, que como recuerda cada día, sabe que es en la otra parte de donde piensa que no debería ser. Y esto le ocurre por aquellas malditas vacaciones en Inglaterra, que conducen al otro lado del lado que normalmente es el que debe ser. Gira la llave, que previamente ha introducido en el orificio destinado para ella, la gira, y de repente, siente que el motor de su vehículo le acompaña en su despertar. El banderín de su equipo se mueve de uno a otro lado, cada día más fuerte. Y él piensa que será porque su coche tiene ya más de 20 años, y el motor tiembla cada día más.

Embraga y mete primera. El vehículo se mueve, por tanto funciona. Al menos un día más. Llega a su trabajo. Para aparcar lo tiene complicado, algo habitual. Pero siempre le espera en una plaza de aparcamiento, y montado en su coche, un compañero que trabaja con él que es muy simpático y amable, y del Athletic, y le cede su lugar. Eso si. Siempre antes de irse le suelta la misma frase: “¡Aparca ahí tú, que ya sabes que los del Athletic aparcamos donde nos da la gana!”.

En algunos momentos de su trabajo se llega a enterar de noticias sobre su equipo que no suelen ser muy fidedignas, ya que siempre provienen de inicio del portero de las oficinas. Y claro, la noticia va llegando poco a poco, piso a piso, hasta el 32, en el que estás sus oficinas. La frase final que le llega es: “el Real Madrid cede a Ronaldo al Athletic de Bilbao porque se descubre que un familiar de Cristiano es de Barakaldo, por lo que no fichará finalmente por la Real Sociedad”. Cuando la frase que partió del portero fue: “El Real Madrid manda a Ronaldo a Bilbao para ver si alguien del Athletic le enseña a hacer en un Bar un Kaldo, que le de la fuerza necesaria para soportar el que la Real Sociedad no quisiera ficharle”. El aficionado sufre por la noticia pero cuando acaba su trabajo siempre, a diario, pregunta al portero lo que había comenzado a decir antes de que llegara la noticia a su piso 32, y siempre se va riendo a su casa.

De regreso ya no hay ninguna duda. Abre el coche por la puerta que debe, se sienta, mete la llave y arranca. El día ha mejorado sus habilidades. Ni siquiera duda con que pierna entrar en el coche. Primero mete la derecha. Sobre todo desde que una vez primero metiera la izquierda y condujera de espaldas hasta su casa. No quiere repetir la experiencia. Fue muy duro hablar con el municipal que le paró, a través del trasero, que es el que iba apoyado sobre el volante.

Antes de ir a casa, se para con unos amigos para intercambiar opiniones sobre sus respectivos equipos. Hacen una risas con los ultimos chistes que han escuchado de sus rivales. Finalmente llega a casa. Se quita la ropa. Se pone su pijama. y busca con ansia las noticias de su equipo. No hay sobresaltos. Los entrenamientos han salido como cada día. Mucho trabajo y entrega, risas de jugadores y entrenador, y se pregunta cada día porqué no nos cuentan lo que provoca sus risas. Y le gustaría ser balón para oirles y reirse con ellos. Claro, que él es de marearse mucho, y ser balón te hace dar demasiadas vueltas. Se va a la cama. Apaga la luz. Y antes de dormir, piensa en cosas de su equipo. Porque alguien le ha dicho que se suele soñar con las ultimas cosas que se piensa. Pero a él no le pasa. Porque siempre su último pensamiento es con su equipo y a veces sueña con cosas absurdas, como que el fútbol desaparece, o que algún rival suyo desciende a segunda, o que las ligas se unifican en europa y se hace una con 233 equipos que dura más de 25 años. Y se despierta sudando, y se seca con la toalla que siempre tiene a su lado para estos casos. Porque ¿quien dice que no se hacen esfuerzos durmiendo?. ¿Que no se gastan energías?. Y el aficionado que no lo habíamos dicho, siempre se mete en la cama con la pierna contraria con la que salió, menos cuando sale con las dos, porque entonces entra tomando carrera desde la punta de la habitación, y de un salto se lanza a la cama. Acertar en la cama siempre acierta. Pero a veces, de la potencia con la que salta, rebota y se estampa contra la pared o el armario. Esos días duerme en la alfombra sobre la que ha caido, y al día siguienteno no suele acordarse de lo que ha soñado.

por JOXEBI